Home » Uncategorized » Ese momento en el que te dicen que serás padre

Ese momento en el que te dicen que serás padre

Después de muchos años de escuchar a mis amigos presumir que pronto serían padres, de ver las imágenes de la ropa que ya estaban comprando y el proceso de crecimiento de la panza de sus mujeres, ahora fue mi turno de vivirlo en carne propia. Antes de que llegara el momento pensé en que, al igual que ellos, lo presumiría en todas partes, desde el día que me dieran la noticia, hasta las imágenes de los ultrasonidos y la ropita que ya estaba dispuesto a comprarle, pero el cerebro no me dio para mucho. Mi mente, cuerpo y alma se entregaron cien por ciento a mi esposa y a mi futuro hijo. Hoy, un mes después de haber recibido aquella grata noticia, por fin voy a contar cómo sucedió todo, ya presumí algunas fotos en mis redes sociales, pero quería expresarme de la forma que más me gusta: escribiendo.

Mi esposa nunca mencionó nada de un posible embarazo, no dio ningún indicio de que ya había un ser creciendo en sus entrañas. Un día, sin que yo supiera nada, me dijo que había ido a realizarse un chequeo médico por malestares en el estómago, así que el médico la mandó a realizarse un ultrasonido para descartar gastritis, úlceras o algo mucho peor. Esa mañana corrí a cambiarme, preocupado por la salud de mi esposa, pues no me había contado del supuesto malestar. Fuimos al hospital donde nos recibió una doctora, que al parecer ya estaba enterada de que se trataba de una sorpresa, así que le empezó a explicar el procedimiento y que buscaría algunas manchas que fueran indicadores de algo malo en su estómago. Comenzó a prepararla con el gel y en ese instante mi esposa me tomó de la mano, sin quitarle la mirada al monitor. Se la apreté con fuerza. Entonces lo vi por primera vez. La doctora ya había instalado el audio por el cual se comenzaron a escuchar unos latidos del corazón.

Mi esposa me volteó a ver con lágrimas en los ojos y, con la voz entre cortada, sólo alcanzó a decirme un Te Amo llenó de amor y ternura. La doctora la ayudó: “Felicidades, van a ser papás”. Sentí como una lágrima recorría mi rostro, en mi cara había una sonrisa inmensa y en mi mente era el hombre más afortunado del mundo. Ese día estuvimos juntos paseando por tiendas para bebés, salimos a comer, fuimos al cine, caminamos por el parque y una que otra librería. La consentí y trataba de no quitar la mano de su vientre, era como una cita de tres. Uno nunca está preparado para esta noticia, pues después de la bomba de felicidad vienen los miedos. Nos preguntamos si seremos buenos padres, si podremos darle la vida que merece, qué cuidados debía tener mi esposa, etc. Pero como si fuera una montaña rusa de emociones, volvía la inmensa felicidad. Por las noches les leía a ambos, escuchábamos música clásica y un poco de rock, más a David Bowie, para que mi futuro hijo sepa lo que es buena música. Hoy puedo decir con toda certeza que soy el hombre más feliz del mundo.

¿Quieres más información? Puedes conseguirla en el portal de Olab.com.mx

Comments are closed.