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Aquella extraña cosa

He estado buscando oficinas en renta Polanco por más de dos meses, hablando todos los días a muchas oficinas y corredores de bienes y raíces, todos diciéndome que no hay nada disponible; consecuentemente, llegué a pensar que no había ninguna oficina en todo Polanco.   

No obstante, es un hecho irrevocable que aquel que busca encuentra y que cualquier pared caerá después de ciertos golpes con el mazo, aunque parezca completamente lo contrario; de hecho, sucede mucho (he notado) que cuando nos encontramos más cerca de la meta es cuando más rígido es todo el asunto. 

Esta vez no fue la excepción, debido a que justo cuando pensaba abandonar la búsqueda de nuestras anheladas oficinas en Polanco, fue cuando una puerta se abrió, una puerta que fue seguida por muchas otras más, parecido a un efecto dominó, con fichas sumamente pesadas, que cuando se derriba una, todas se desploman.  

Así fue entonces que encontré los espacios de muchas oficinas en Polanco y ultimadamente encontré tres que me gustaron mucho, de las cuales naturalmente terminó quedando una, que fue la que más nos gustó, ya que en ésta todo parecía caber como anillo al dedo.  

Al haber encontrado estas oficinas por mi cuenta, llamé a mis asociados para que vinieran a conocerlas y pudiera aprobar la renta de aquel inmueble que me había más que gustado, no obstante, por alguna extraña razón no podía contactar a ninguno.  

Esto es algo que, aunque me enfureció debido a su urgencia, no es nada nuevo para mí y no me debió de haber sorprendido en lo absoluto, por el contrario, debí de haber esperado ese pequeño bloqueo de comunicación desde el principio y todo hubiera resultado mucho mejor.            

El agente de bienes y raíces tuvo que dejarme y debido a que en cuanto quería contactar todos mis socios, o al menos a uno, a él ya le habían entrado más de cinco llamadas con clientes potenciales, quienes sí estaban listos para hacer la renta o compra en el momento adecuado.  

Justo en el momento en que se fue el agente, o al menos unos minutos después, todos mis socios comenzaron a marcarme y a preguntarme como iba la eterna cacería de oficinas en Polanco, ya que hacía tiempo que no sabían nada del tema.  

Debo aceptar que al escuchar eso, sentí un profundo enojo, mejor conocido como rabia, debido a todo el esfuerzo que había estado haciendo desde los pasados meses solo y mi alma, mientras que los demás disfrutaban de la vida, esperando que sucedieran resultados de la nada.   

Sin embargo, opté por tranquilizarme y explicar la situación, como fue expresando mi gran gusto por aquellas oficinas con el motivo de contagiar un poco de mi “entusiasmo”, algo que eventualmente terminó sucediendo. 

Es realmente impresionante como mis emociones, aunque no diga una palabra, tienen gran poder de construcción o destrucción. 

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